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Medicación o Psicoterapia?

Celebro que se estén encontrando fármacos que podamos utilizar para mejorar nuestra calidad de vida y también para salvar vidas. Estoy a favor de la medicación cuando es necesaria y en algunos casos, cuando lo he considerado oportuno, he dirigido al psiquiatra a alguna de las personas que acuden a mi consulta. Este post por lo tanto, no pretende ser una crítica a los fármacos, sino una reflexión sobre la facilidad con la que los tomamos y sobre la descoordinación que existe entre los diferentes profesionales de la salud.

Me estoy encontrando últimamente con demasiados jóvenes entre 20 y 25 años, que acuden al neurólogo con síntomas diversos, y una vez diagnosticado un primer episodio de ansiedad, les recetan medicación o les envían al psiquiatra para que lo haga. Me preocupa que ni tan solo se haga mención a la posibilidad de acudir a un psicólogo.

Sabemos que para combatir la ansiedad no siempre ni necesariamente son necesarios los fármacos. También sabemos que muchos de estos, pueden generar dependencia y también pueden afectar de manera negativa a otros aspectos de la vida de las personas: sexualidad, atención, tono vital, aumento de peso…

Desde mi punto de vista, los pacientes tienen derecho a conocer que, al margen de los fármacos, tienen otras posibilidades contrastadas y útiles para encontrarse mejor.

¿Por qué muchos profesionales de la medicina no proponen a sus pacientes la opción del psicólogo?

Seguramente existen múltiples respuestas en función de cada caso. Estoy convencida de que hay parte de responsabilidad en los médicos, y también en los psicólogos. Por otro lado, seguro que tampoco ayuda el intrusismo que sufrimos en el ámbito de la psicología, y la empanada mental que tenemos la sociedad en general sobre las diferentes terapias o “pseudoterapias” existentes.

Con el objetivo final del bienestar de las personas, creo que es necesaria más comunicación y cooperación entre los diferentes profesionales de la salud. Dejo el tema sobre la mesa para su reflexión.

Me pongo en su piel doctor

Le entiendo perfectamente doctor, es lícito su mal humor, es inevitable que esté al límite y pierda las formas, son lógicas su cara de pocos amigos diaria y sus explosiones cada cinco minutos.

Tiene que ser durísimo estudiar tanto y tantos años para acabar haciendo un trabajo dónde detesta a todos sus interlocutores naturales. Que palo aguantar a los profesionales de enfermería que osan dar su opinión en temas de salud, ¿Quién se han creído que son ellos? ¿Y los profesionales auxiliares de enfermería? ¡Bufff! Qué pereza ¿Verdad? Por no hablar de los administrativos que en lugar de facilitar el trabajo entorpecen y de qué manera su buen hacer.

Y para colmo solo le faltan los pacientes, ¡Qué horror! Todo el día quejándose sin dejarle trabajar, a veces hasta lloran los muy desagradecidos, y hacen preguntas improcedentes, y piden su presencia como si usted estuviese allí para eso ¿Verdad?

Le entiendo doctor, ¡Cómo se tiene que ver doctor! Qué triste sentirse rodeado de miserables.