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Vacaciones en pequeño formato

Cada pequeño cambio de etapa representa nuevos propósitos, nuevos objetivos y nuevos retos, y es cierto que se hace necesario mirar hacia adelante, ya que el ayer no existe.
De todas formas, es importante que no olvidemos las experiencias vividas, que van dejando una huella de aprendizajes, que si los vamos ordenando, poniendo en práctica, y nos son útiles, siempre podrán formar parte de nuestro equipaje presente.
Mi aprendizaje de este verano ha sido constatar un hecho que ya sabía, pero que nunca había experimentado con tanta nitidez, quizá debido a haberme quedado en casa todo el mes de agosto y haberme propuesto vivir unos días inolvidables: cada día podemos disfrutar de alguna pequeña cosa que nos ha hecho felices este verano. Reproduciendo pequeños momentos de tus vacaciones, generas durante todo el año unas micro-vacaciones.

Evidentemente hablo de las personas que tenemos las necesidades básicas cubiertas. Soy consciente y no quiero olvidar, a los millones de personas que viven en situaciones límite.

A continuación detallo 10 experiencias que me han hecho sentir bien este verano y que puedo repetir sin esperar a las próximas vacaciones:

1. Experimentar gratitud por poder parar de trabajar durante un periodo de tiempo, por comer cada día, por tener un lugar dónde vivir, por tener la salud suficiente para tirar hacia adelante, i por todo aquello que venga de más.

2. Abrir los ojos cada mañana al despertarme, y percibir la magia de tener un día más por delante.

3. Ayudar a los que creo que lo necesitan. Comprometerme con aquello que quiero y puedo cumplir, y cumplirlo.

4. Tener conversaciones absurdas, de aquellas que te hacen perder la noción del tiempo, mirando el mar, las estrellas, la luna o las nubes.

5. Compartir alguna creación propia con personas que la sepan apreciar. En mi caso han sido co-creaciones culinarias.

6. Mirar el lugar donde vivo como si fuese una turista que es la primera vez que llega allí.

7. Disfrutar del ejercicio físico cuando me pensaba que el deporte no estaba hecho para mí.

8. Fomentar espacios que favorezcan ampliar mi círculo de personas y la vida social en mi entorno.

9. Compartir parte de mi tiempo con los amigos y amigas que lo han podido o querido hacer.

10. Vivir y reír con las personas que más quiero.

Estas 10 fantásticas experiencias que han amenizado mis vacaciones, las puedo seguir disfrutando durante todo el año, viviendo mis minutos de micro-vacaciones diarias con intensidad.

El mes de Septiembre me encontrará sonriendo.

Pobres infelices

Mis objetivos principales cuando utilizo las redes sociales de manera profesional, son por un lado potenciar mi negocio y dar a conocer mis servicios de psicología, formación y psicoterapia, y por el otro poner encima de la mesa cuestiones que puedan ayudar a las personas a conocerse mejor a ellas mismas y a reflexionar sobre aspectos como la felicidad, la conducta humana, los valores, las creencias etc. Todos estos conceptos se entienden y se interpretan desde cada individuo, y es por este motivo que no acostumbro a expresar mis opiniones ni mis ideas a título personal, ya que no aportan nada más que una visión subjetiva que es tan real y tan parcial como cualquier otra.

Uno de los objetivos generales que plantean las personas cuando se les pide a qué aspiran en la vida, es el de ser felices. Es un deseo que prácticamente todo el mundo tenemos y todos creemos que merecemos. Lo cierto, es que cuando queremos describir lo que entendemos por felicidad, salen todos los interrogantes.

¿Es lo mismo ser feliz que sentirse feliz? ¿Todos nos sentimos felices en las mismas circunstancias? ¿Hay alguien que no merezca la felicidad? ¿Las personas somos capaces de ser felices por nosotras mismas? ¿Sabemos ser felices?

Aquí acabaría un escrito de los míos siguiendo mi línea habitual, preguntas lanzadas al aire para la reflexión individual y si es necesario para el debate.

Pero hoy no me quiero quedar aquí porque me preocupa lo que he escuchado por la radio solo empezar el día: La asignatura de religión, con la nueva ley de educación dice que cabe “reconocer  la incapacidad de uno mismo para alcanzar la felicidad” y “aceptar la necesidad del salvador per ser feliz”. Evidentemente cuando hablan del “salvador” piensan solo en uno, y no hay ni rastro de otras religiones en los temarios.

¿Se ha pensado el dolor que puede causar transmitir estas creencias a los niños? ¿Habrá ciudadanos que tendrán la puerta abierta a la felicidad y otros que no? ¿Cómo se explicará una cosa que pasa a menudo que es que alguien se sienta feliz y no crea en Dios? Y todavía peor, ¿Qué les dirán a las personas que crean en Dios y se sientan inmensamente infelices? ¿Qué papel jugará la culpa en todo esto?

Cada día constato en mi consulta las secuelas que han dejado en muchas personas algunas maneras de interpretar y transmitir las religiones. Tenía la esperanza de que en nuestra sociedad y en nuestro sistema educativo fuera un tema casi superado, pero desgraciadamente ya volvemos a estar en lo mismo.

Por lo tanto, hoy quiero dar mi opinión: Afirmo que las personas tenemos la capacidad de ser y de sentirnos felices por nosotras mismas sin necesidad de creer en Dios. Y al mismo tiempo, pienso que también tenemos derecho a sentirnos infelices y a vivir las emociones negativas aun creyendo en Dios.

Yo no sé si Dios existe o no, lo que sí puedo afirmar es que sin creer en él, he llegado a sentirme muy feliz y muy infeliz en diferentes momentos de mi vida, y hoy, que de momento sigo sin creer en Dios, me siento plenamente feliz.

Gemma Prats i Molner
Psicóloga, Formadora y Psicoterapeuta