Los viejos silencios

Hay muchos tipos de silencios, unos muy útiles y otros difíciles de gestionar. Unos impuestos, como la discapacidad auditiva, otros buscados como los de determinados retiros espirituales. Unos físicos, como cualquier ausencia de sonido, y otros mentales como la ausencia de pensamientos.

En general, el silencio tanto físico como mental, es saludable y útil para gestionar nuestro estrés y mejorar nuestro bienestar emocional. Retirarse escuchando la naturaleza, apartados del murmullo de los núcleos urbanos, y también meditar, son grandes herramientas que tenemos a nuestro alcance de manera más o menos sencilla.
Para sentirnos mejor y estar en paz, es necesario buscar esta desconexión y como todo, entrenarla.

Otros silencios que conozco bien porqué los he mirado a los ojos de cerca, son los silencios por presión social, por necesidad, por prudencia, por miedo, por quedar bien, por conservar algo… Aquellos que podemos observar en cualquier  equipo de trabajo, en cualquier organización, en cualquier familia, en cualquier sociedad. Incluso las personas que mayoritariamente detestamos estos silencios, los habremos hecho en algun momento determinado. Puestos a hacerlos, creo que mejor que sea de manera consciente y aceptada.

En este sentido, trabajar la comunicación dentro de las organizaciones para poder hablar con respeto hacia uno mismo y hacia los demás, y para qué los principales silencios sean para subrayar los conceptos importantes, y para escuchar activamente, es fundamental para prevenir los conflictos interpersonales y para mejorar las habilidades negociadoras de los profesionales.
La escucha activa pues, es una magnífica manera de utilizar el silencio, dejando hablar al otro, escuchando y al mismo tiempo observando, recogiendo, sin juicios ni descalificaciones, las necesidades, pensamientos, y emociones de nuestros interlocutores.

Y mientras escribo todo esto, escucho otro silencio punzante, sobrecogedor y doloroso, el del móvil que no suena, el correo que no recibe ni tan solo respuestas, los proyectos que no entran y la facturación que no llega. Un viejo silencio que muchas personas habíamos tenido el privilegio de olvidar.

 

 

Imagen de Gerd Altmann de Pixabay