La autoestima explicada con la “teoría del queso de cabra”

La inspiración para este post me vino durante el Fòrum d’empresaris que organizó l’Hort Business en Cabrils el pasado día 30 de octubre.

En una ponencia súper interesante de Pedro Rojas sobre Instagram, él recalcó la conveniencia de publicar fotografías pensando en lo que gusta a los demás y no a nosotros. Entonces me vino instantáneamente una frase a la cabeza:

Instagram funciona exactamente al contrario de la autoestima.

Esto me hizo pensar en cómo explico yo el concepto de autoestima cuando hago formación, y en mi “teoría del queso de cabra” que os expondré más adelante. Y decidí que haría un post en Instagram para hablar de ello, y que sería diferente de los habituales. Escogería una fotografía de una cosa que no me gusta nada a mí, pero si a mucha gente: el apreciado y famoso queso de cabra.

La autoestima es el reconocimiento de nuestro valor intrínseco, mucho más allá de nuestras capacidades y éxitos. Tiene que ver con la auto aceptación y es un factor de percepción individual sobre nosotros mismos que no debería estar influido por los demás, aunque desgraciadamente a menudo está condicionado por ello. Cuando somos pequeños recibimos afectos de nuestro entorno que vamos almacenando y que acabarán incidiendo en nuestra autopercepción.

Por un lado podemos recibir confianza, seguridad, independencia, crítica constructiva, etc. Factores que incidirán en que tengamos una buena dosis de autoconfianza y de autoestima.

Por el otro, podemos recibir desconfianza, inseguridad, sobreprotección o desprotección, crítica destructiva, etc. Factores éstos, que incidirán en que nuestra autoconfianza y autoestima sean bajas.

Al margen de todo esto, nuestra autoestima fluctúa a lo largo de la vida, y es algo que podemos trabajar a través de la inteligencia emocional, comenzando por las tres “autos”: autoconocimiento, autocontrol y automotivación.

Pero bien, vamos a la teoría en cuestión:

Si voy a comer con una persona a quien le entusiasma el queso de cabra y nos ponen un plato de esta comida apestosa(*) delante de nosotros, me taparé la nariz inmediatamente, pondré cara de asco y la apartaré. Seguramente la persona que me acompaña estará contenta porque habrá más para ella. Conoce perfectamente lo que vale el producto en cuestión, y que alguien lo rechace no hace que éste pierda ningún valor.

Por lo tanto, si conocemos bien nuestro valor intrínseco, no lo devaluaremos porque alguien nos rechace o deteste.

Recordad: todos somos el queso de cabra de alguien.

(*)apestoso es cómo yo lo percibo, y no tiene que corresponderse necesariamente con la realidad.

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