Los planes rotos

Estos últimos meses he experimentado en primera persona aquello que hace tiempo que sabía: la fragilidad de hacer planes.

Algunas personas más que otras –como es mi caso-, vivimos en la gran fantasía de tenerlo casi todo bajo control. ¡Cuánta ingenuidad! El trabajo y la energía que nos supone esta falsa creencia nos hace vivir con un esfuerzo a menudo innecesario y absurdo.

Está claro que hacer planes es útil, y que si no los hacemos, también nos podemos perder cosas interesantes y tener problemas que nos podríamos haber ahorrado, por lo tanto está lejos de mi intención criticar el hecho de hacer planes, hagámoslos cuando sea necesario. De todos modos, seguro que disfrutaremos más de todo si estamos preparados para los planes rotos, si somos más flexibles, si aprendemos a convivir con la incertidumbre y si dejamos de luchar contra todo aquello que no está en nuestras manos.

A menudo recuerdo el comentario de una persona que me decía que su madre con noventa años quería guardar un dinero para el día de mañana, y ella le respondió: “mamá, el día de mañana es hoy”. Creo que es una frase que nos debemos de aplicar en cierta manera, tengamos la edad que tengamos.

Hace dieciocho años que soy profesional autónoma y ya hace muchos que me siento segura y consolidada en mi profesión. Tengo buenos clientes que están contentos, capacidad de trabajo y estoy preparada para afrontar cargas importantes. Aun así, tengo un seguro de enfermedad y accidentes y uno de responsabilidad civil por si acaso, parecía que todo controlado ¿Verdad? Pues de todas las cosas que me hubiese podido imaginar que podrían amenazar mi economía, y mirad que me las imagino casi todas, ¡Ninguna de ellas tenía que ver con una pandemia mundial!

I estos eran planes económicos, pero…

¿Y los planes de vida? ¿Cuantos abrazos dábamos por hechos pensando que no hay nada que nos impida abrazar? ¿Cuántas personas hemos perdido de repente y sin poder despedir?

¿Y los planes de muerte? ¿Cuántas personas durante esta pandemia han sido incineradas en soledad cuando habrían querido ser enterradas con una gran ceremonia o habían dado su cuerpo a la ciencia?

En nuestra familia tenemos pendiente una despedida de hace más de tres meses, que aun que seguro que será bonita y sentida, no será del todo como nuestra persona querida había planificado con mucha conciencia y cuidado.

¡Cuántos planes rotos!

Por otro lado, también quiero poner el foco en las cosas maravillosas que me han sucedido sin haberlas planificado:

He compartido una gran y dulce intimidad durante un confinamiento que ha puesto sobre la mesa la paz y la complicidad con la que vivo la vida de pareja.

Ha ocurrido ahora, de golpe y sin esperarla, una situación que deseo des de hace nueve años y que preveía que podría llegar sobre el 2026.

He aprendido a trabajar con nuevos canales de los cuales no quería ni oír hablar y gracias a ello he conseguido nuevos clientes.

En fin, hay muchas cosas buenas que también pasan por sorpresa.

Así que este verano no planificaré las vacaciones. Si no tengo trabajo procuraré disfrutar de mi tiempo, y si tengo, aprovecharé la oportunidad para facturar algo y recuperar un poco mi economía. Por lo tanto, por primera vez en muchos años, este mes de agosto estoy a vuestra disposición profesional.

Recordad, en cierta manera “el día de mañana, es hoy”.

¡Feliz verano!

 

Imagen de Hans Braxmeier de Pixabay

Las ausencias escogidas

Desear felices fiestas a todo el mundo es la expresión de lo que querríamos que fuera. Pero sabemos que aunque sería fantástico que las fiestas de Navidad fuesen días de paz, amor y felicidad, no siempre lo son. Y es importante ser consciente de ello y dejarnos sentir de verdad, aceptando nuestras emociones, sean las que sean.

Este año quiero poner sobre la mesa un tipo concreto de duelo y la forma en la que nos impacta, especialmente durante las fiestas navideñas.

En estas fechas se habla mucho del duelo por las ausencias inevitables, como la muerte o la enfermedad de los seres queridos, u otras circunstancias no deseadas. Todo el mundo, en mayor o menor medida, hemos vivido o vivimos la tristeza y la impotencia que comportan este tipo de pérdidas y la dureza que supone vivirlas.

De lo que no se habla tanto es de las ausencias deseadas o decididas, las de aquellas personas queridas que han decidido no estar por voluntad propia. Esta también es una situación en la cual debe elaborarse un duelo por parte de todo el mundo, porque cuando se rompe una relación entre dos personas, necesariamente cambia el grupo donde se mueven, y por lo tanto el dolor y la ruptura acostumbran a ser generalizados.

Si alguien no quiere estar con nosotros, no nos queda más remedio que respetar su decisión y aceptar la situación a pesar del gran dolor que nos pueda provocar. Incluso cuando la decisión de otra persona rompe aquello que nosotros estábamos intentando preservar con esfuerzo, y nos genera una gran decepción y frustración además de la tristeza de la pérdida.

Las decisiones maduras son aquellas en las que, además de lo que pretendemos conseguir, debemos preguntarnos también lo que queremos conservar, ya que la impulsividad puede acabar rompiéndolo todo.

Puede que este año seáis vosotros quienes habéis decidido ser las personas ausentes. Quizá por el contrario, sois quienes viviréis la ausencia de quien ha decidido no estar. En todo caso, tengan el color que tengan y generen las emociones que generen, estas fiestas seguirán siendo tan reales y vuestras como cualquier otra Navidad.

Deseo que viváis estas fechas con consciencia y aceptación, y que el año 2020 llegue cargado de decisiones maduras, objetivos y proyectos.

La autoestima explicada con la “teoría del queso de cabra”

La inspiración para este post me vino durante el Fòrum d’empresaris que organizó l’Hort Business en Cabrils el pasado día 30 de octubre.

En una ponencia súper interesante de Pedro Rojas sobre Instagram, él recalcó la conveniencia de publicar fotografías pensando en lo que gusta a los demás y no a nosotros. Entonces me vino instantáneamente una frase a la cabeza:

Instagram funciona exactamente al contrario de la autoestima.

Esto me hizo pensar en cómo explico yo el concepto de autoestima cuando hago formación, y en mi “teoría del queso de cabra” que os expondré más adelante. Y decidí que haría un post en Instagram para hablar de ello, y que sería diferente de los habituales. Escogería una fotografía de una cosa que no me gusta nada a mí, pero si a mucha gente: el apreciado y famoso queso de cabra.

La autoestima es el reconocimiento de nuestro valor intrínseco, mucho más allá de nuestras capacidades y éxitos. Tiene que ver con la auto aceptación y es un factor de percepción individual sobre nosotros mismos que no debería estar influido por los demás, aunque desgraciadamente a menudo está condicionado por ello. Cuando somos pequeños recibimos afectos de nuestro entorno que vamos almacenando y que acabarán incidiendo en nuestra autopercepción.

Por un lado podemos recibir confianza, seguridad, independencia, crítica constructiva, etc. Factores que incidirán en que tengamos una buena dosis de autoconfianza y de autoestima.

Por el otro, podemos recibir desconfianza, inseguridad, sobreprotección o desprotección, crítica destructiva, etc. Factores éstos, que incidirán en que nuestra autoconfianza y autoestima sean bajas.

Al margen de todo esto, nuestra autoestima fluctúa a lo largo de la vida, y es algo que podemos trabajar a través de la inteligencia emocional, comenzando por las tres “autos”: autoconocimiento, autocontrol y automotivación.

Pero bien, vamos a la teoría en cuestión:

Si voy a comer con una persona a quien le entusiasma el queso de cabra y nos ponen un plato de esta comida apestosa(*) delante de nosotros, me taparé la nariz inmediatamente, pondré cara de asco y la apartaré. Seguramente la persona que me acompaña estará contenta porque habrá más para ella. Conoce perfectamente lo que vale el producto en cuestión, y que alguien lo rechace no hace que éste pierda ningún valor.

Por lo tanto, si conocemos bien nuestro valor intrínseco, no lo devaluaremos porque alguien nos rechace o deteste.

Recordad: todos somos el queso de cabra de alguien.

(*)apestoso es cómo yo lo percibo, y no tiene que corresponderse necesariamente con la realidad.

Medicación o Psicoterapia?

Celebro que se estén encontrando fármacos que podamos utilizar para mejorar nuestra calidad de vida y también para salvar vidas. Estoy a favor de la medicación cuando es necesaria y en algunos casos, cuando lo he considerado oportuno, he dirigido al psiquiatra a alguna de las personas que acuden a mi consulta. Este post por lo tanto, no pretende ser una crítica a los fármacos, sino una reflexión sobre la facilidad con la que los tomamos y sobre la descoordinación que existe entre los diferentes profesionales de la salud.

Me estoy encontrando últimamente con demasiados jóvenes entre 20 y 25 años, que acuden al neurólogo con síntomas diversos, y una vez diagnosticado un primer episodio de ansiedad, les recetan medicación o les envían al psiquiatra para que lo haga. Me preocupa que ni tan solo se haga mención a la posibilidad de acudir a un psicólogo.

Sabemos que para combatir la ansiedad no siempre ni necesariamente son necesarios los fármacos. También sabemos que muchos de estos, pueden generar dependencia y también pueden afectar de manera negativa a otros aspectos de la vida de las personas: sexualidad, atención, tono vital, aumento de peso…

Desde mi punto de vista, los pacientes tienen derecho a conocer que, al margen de los fármacos, tienen otras posibilidades contrastadas y útiles para encontrarse mejor.

¿Por qué muchos profesionales de la medicina no proponen a sus pacientes la opción del psicólogo?

Seguramente existen múltiples respuestas en función de cada caso. Estoy convencida de que hay parte de responsabilidad en los médicos, y también en los psicólogos. Por otro lado, seguro que tampoco ayuda el intrusismo que sufrimos en el ámbito de la psicología, y la empanada mental que tenemos la sociedad en general sobre las diferentes terapias o “pseudoterapias” existentes.

Con el objetivo final del bienestar de las personas, creo que es necesaria más comunicación y cooperación entre los diferentes profesionales de la salud. Dejo el tema sobre la mesa para su reflexión.

¿Qué haría yo si tuviese menos miedo?

Valorando la propuesta que me hizo José Antonio, un seguidor de facebook, este post habla del miedo. El miedo es una emoción tan nuestra como todas las demás. A mí me merece un gran respeto porque, como decía el gran Eduard Punset, sin miedo el ser humano se habría extinguido.
El miedo nos informa de las posibilidades de supervivencia ante determinadas situaciones y nos hace ser prudentes. Es una alarma que, ante posibles peligros, nos alerta de que debemos buscar más seguridad. Esto es muy útil, y por lo tanto no se trata de estigmatizar el miedo. Como todas las emociones, tiene su función y nos acompañará a lo largo de la nuestra vida, es necesario que lo acojamos y le demos su espacio.
Tenemos muchos niveles y tipos de miedo, no es lo mismo sentir preocupación que pánico, ansiedad que angustia, y en cambio, en todos los casos estaríamos hablando de miedo.

Dicho esto, os voy a poner un ejemplo que no tiene nada que ver con las emociones, que nos puede ayudar a entender algunas cosas: sabemos que el hambre es una sensación que nos informa de la necesidad de alimentarnos, y que si no tuviésemos sensación de hambre, sería más fácil morir de desnutrición. Ahora bien, ¿Tú crees que siempre que tienes sensación de hambre estás en peligro? En mi caso te puedo asegurar que no 😉

Con el miedo pasa igual. ¿Cuántos miedos tienen que ver con cosas que hemos aprendido y nos han hecho creer en un contexto cultural y social determinado? ¿Cuántos miedos nos limitan más que nos protegen? ¿Cuántas cosas maravillosas nos podemos perder por miedo? ¿Cuánto sufrimos por cosas que no pasarán nunca? ¿Cuántos miedos crecen dentro de nuestra cabeza, alimentados por nuestros pensamientos, y se hacen pequeños cuando los miramos a los ojos de verdad y los afrontamos?

Por otro lado, conviene tener en cuenta que las conductas de evitación a las que nos lleva el miedo, generan mucho sufrimiento asociado a otras emociones. Algunos ejemplos podrían ser: frustración, impotencia, desánimo, decepción, insatisfacción, envidia, celos, resentimiento, culpa, desmotivación y soledad.

Superar nuestros miedos tiene su momento de vértigo, y por lo tanto sólo nos vamos a poner a ello si vemos la utilidad y beneficios. Por ejemplo, si una persona supera su miedo a las serpientes, y vive en Barcelona, no le gusta viajar ni ir a la montaña y no trabaja en ninguna tienda de animales ni en ningún zoológico, su vida no mejorará especialmente. En cambio, si esta misma persona viviese en la selva, superar este miedo mejoraría sensiblemente su día a día. Por lo tanto, antes de ponernos a ello, nos haremos cuatro preguntas:

1. ¿Qué me estoy perdiendo a causa de este miedo?
Si la respuesta es “nada importante para mí”, pues a vivir con este miedo y con alegría. Si la respuesta es “algo valioso para mí”, entonces vienen las tres preguntas siguientes:

2. ¿Qué es lo peor que puede pasar si miro de afrontarlo?
3. ¿Sería peor que lo que estoy viviendo ahora?
4. ¿Seguro?

Escuchando muchísimas personas tanto en mi vida profesional como también en la personal, he hecho una lista de lo que podríamos hacer este verano si tuviésemos menos miedo. ¿Te atreves?

Si tuviese menos miedo:

– Le diría a mi pareja que es la persona más maravillosa del mundo y que, aunque puedo vivir sin ella, no lo quiero hacer, y que sí, que me quiero casar con ella.

– Dejaría este trabajo que está acabando con mi salud.

– Le diría a aquel amigo o amiga que le amo de manera diferente y no sólo como una amistad.

– Diría que sí a aquel proyecto profesional tan estimulante y a la vez incierto.

– Dejaría de posponer el hecho de ser padre o madre con la excusa de que no es el momento.

– Me iría a vivir al extranjero.

– Le diría a mi pareja que no quiero ser padre o madre.

– Me separaría de mi pareja.

– Les diría a mis hijos que comienza a ser hora que se espabilen y actuaria con coherencia ante dicha convicción.

– Tendría aquella conversación pendiente que tanto me hace perder el sueño.

– Me comprometería de verdad con aquella causa asumiendo todas las consecuencias que se deriven de ella.

– Saldría del armario.

– Diría lo que realmente pienso de aquello sobre lo que todo mi entorno piensa lo contrario.

Qué diferente puede ser este verano si conseguimos tener menos miedo ¿Verdad?

“Que vuestras decisiones respondan a vuestras esperanzas, no a vuestros miedos.” Nelson Mandela

Emoción + Creencia = emoción x 2

¿Cuantas veces en la vida has sentido envidia? ¿Y en cuantas de ellas te has apresurado a añadirle la etiqueta de “envidia sana”? Las emociones no son sanas o insanas, lo que es beneficioso para nuestra salud emocional, es reconocerlas, aceptarlas y decidir qué hacemos con ellas.

Por lo tanto, la envidia es envidia se mire como se mire, y si en algún momento de tu vida la sientes y comienzas a pensar que no la deberías sentir porqué es mala y tú no eres tan mala persona como para sentirla y bla, bla, bla… Entonces sentirás envidia y culpa.

¿Has visto qué fácil que se pueden multiplicar les emociones?

Las personas no podemos decidir cómo nos sentimos y es necesario que lo reconozcamos y que lo aceptemos. Todas las emociones forman parte de nosotros y por lo tanto, acogerlas es aceptarnos con todo aquello que nos gusta y también con lo que no.

Lo que sí que podemos hacer y está en nuestras manos, son tres cosas:

1. Trabajar sobre les nuestras creencias y pensamientos, ya que las emociones se alimentan de ellas.

2. Reconocer las emociones que sentimos, justo en el momento en el que las sentimos, aceptarlas y decidir cómo queremos gestionarlas: meditación, deporte, arte, escritura, conversaciones pendientes…

3. Ejercer autocontrol. Es decir, que todo aquello que hagamos, no hagamos, digamos o callemos lo decida nuestra voluntad y no dejemos que se apoderen de ello nuestras emociones. Por lo tanto, conseguir tener conductas “utiléticas”(*) que nos beneficien y nos potencien.

Todo ello requiere un trabajo de auto observación y de entrenamiento importante. Un tiempo y un esfuerzo, que sólo decidiremos invertir si vemos beneficios. ¿Lo queréis probar?

(*) “utilética” es un término que no existe. Me lo inventé para referirme a la conducta o a la comunicación. Para mí la comunicación “utilética” es aquella que es útil y por lo tanto contribuye a nuestros objetivos, y es ética y por lo tanto está alineada con nuestros valores. Dado que la utilidad y los valores son personales, solo nosotros mismos podremos determinar si una comunicación ha sido “utilética” o no.

La abuela Pepita

Este sábado, una abuela que tenía entradas para ir al teatro con unas amigas, finalmente no fue.

Tenía los tiques comprados de hacía días y le hacía mucha ilusión, no va a menudo al teatro. Era uno de aquellos planes que pintaba un poco diferente a la rutina habitual.

El viernes por la noche, la abuela a la que voy a llamar Pepita, recibió una llamada de su hijo pidiéndole que el sábado le hiciese de canguro del nieto porque él tenía una cena. Y Pepita no se atrevió a decir que no.

Está claro que la responsable última de haber tirado un dinero y de haberse perdido una buena tarde con las amigas, es ella misma. De todos modos, esta situación me plantea una serie de reflexiones:

1. ¿La confianza que tienen los hijos adultos para pedir un favor a los padres/abuelos, es recíproca?

2. ¿Podemos hablar de Pepita a secas? ¿O es que esta ha desaparecido fagocitada por la abuela Pepita?

3. ¿Pepita toma decisiones conscientes? ¿O está condicionada por presiones sociales, convenciones y estereotipos?

Estoy convencida de que no hay una única respuesta para cada una de estas preguntas, y también, que quien lea este post, se puede formular otras. En todo caso me encantan las preguntas, lo que me inquieta son algunas de las respuestas que puedo escuchar en nuestra sociedad:

1. ¿Qué hay mejor para una abuela que pasar una tarde con sus nietos?
2. El amor de las abuelas hacia los nietos es insuperable.
3. Dice mucho de ella, la capacidad de sacrificio es un gran don.
4. Está jubilada, tiene todo el tiempo del mundo, puede ir otro día al teatro.
5. Tú no eres madre ni abuela y no puedes entender nada…

Las personas somos individuos, y en función de nuestras elecciones y otras circunstancias ajenas a nosotros, podemos ser nietos, hijos, hermanos, amigos, estudiantes, profesionales, tíos, pareja, padres, abuelos, seres sociales… Es necesario encontrar espacio apra todos los roles de los que queramos disfrutar, entendiendo que si el día tiene 24 horas, cuantos más roles queramos mantener, menos tiempo habrá para cada uno de ellos.

Escucha Pepita, yo no soy quien para decirte si hiciste bien no yendo al teatro, esto solo lo puedes valorar tú. Si escoges con consciencia, cualquier decisión estará bien. ¡Adelante!

Te acepto en linkedin, pero no me molestes

A raíz de un interesante debate en linkedin iniciado por Álex López López el pasado viernes día 7 de septiembre, sobre el uso adecuado de dicha red, me he planteado una serie de reflexiones que han desembocado en este post, demasiado largo para responder de forma directa.

Dice Álex López: “El cliente de hoy no está en esta red social para comprar al primer proveedor que le contacta. Está para observar, valorar y contratar a los mejores”.
Hasta aquí, totalmente de acuerdo.

Y sigue: “Enviar una oferta de servicios a un miembro de linkedin sólo porque te haya aceptado, es posiblemente la manera más rápida de no venderle nunca”.
Aquí discrepo.

Aunque si un experto en redes afirma esto y la mayoría de los participantes en el debate apuntan que linkedin no es para vender y que les molesta recibir un correo donde un contacto reciente les ofrece sus servicios o les pide trabajo, deberé reflexionar de cara a futuros contactos.

¿Para qué aceptamos un contacto en linkedin si no nos interesa lo más mínimo lo que hace? ¿Si nos molesta que nos lo cuente? ¿Es que no podemos decir que no, si vemos que no nos encaja lo que nos proponen? De hecho, a mí me sorprende mucho más cuando alguien a quien no conozco de nada me pide contactar en linkedin sin un mínimo texto de cortesía, y cuando lo acepto no me dice nada más, ni me ofrece nada, ni me pide nada, ni me cuenta nada. ¿Para qué me ha pedido contacto? ¿Para acumularlos y poder decir que tiene más de 500?

Según mi humilde punto de vista como usuaria en redes sociales, es cierto que, linkedin es un escaparate d0nde compartir conocimiento y generar relaciones profesionales y debates fantásticos. Y también es cierto que, al menos algunos, estamos allí para generar negocio y en mi caso, para vender más servicios de formación.

La acción comercial ha cambiado mucho desde la aparición de las redes, pero sea como sea, la proactividad siempre ha sido necesaria, útil y valorada. Me preocupa que, en general, nos hayamos vuelto tan poco receptivos, empáticos y sensibles a las necesidades ajenas. Tan egocéntricos que parece que lo único importante sea el número de likes y comentarios recibidos, que aunque nos encanten, si no se traducen en facturación, no sirven más que para alimentar nuestro ego.

¿Qué se supone que deben hacer los comerciales si detectan un cliente potencial en linkedin? ¿Pedir contacto e ir mostrando lo buenos que son, comentando en los debates y acumulando seguidores sin más, esperando a que les llamen?

Del mismo modo, ¿Qué se supone que deben hacer los profesionales que buscan trabajo si ven una oportunidad en linkedin?

¿Qué es lo que molesta si un/a profesional contacta contigo de forma respetuosa a través de linkedin para ofrecerte algo que podría ser de tu interés o para pedirte lo que sea?

Yo entiendo perfectamente que alguien a quien he aceptado como contacto, contacte conmigo para venderme o para pedirme trabajo, unas veces me gusta más como lo hacen y otras menos. Lo que valoro y me ayuda a discernir si pueden ser los mejores y si podría establecer relaciones profesionales con ellos si hubiese la necesidad, es el cómo lo hacen. En mi opinión, el diferencial está cuando el contacto es respetuoso, creativo, empático, asertivo, profesional y sobre todo, personalizado.

Y como para mí es básica la comunicación, también valoro entre los mejores a los que me contestan de manera asertiva y respetuosa, aunque sea para decirme que no les mande más mails.

Una última reflexión: de acuerdo a mi experiencia, los mejores en las redes sociales y los más “gurús”, no siempre son los más humanos. Tanto en mis clientes como en mis proveedores, valoro el perfecto equilibrio entre profesionalidad y calidad humana, que sólo pueden mostrarme en una comunicación interpersonal.

Es sólo mi opinión. Para gustos, colores.

El misterioso caso del papel de váter y los diferentes perfiles DISC

Os voy a explicar una pequeña anécdota que me pasó hace unos meses en mi despacho.

Como muchos de vosotros sabéis, tengo el despacho en un piso donde comparto espacios comunes con diferentes empresas. En el baño de mujeres tenemos una especie de jardinera de madera en la que caben a la perfección 3 rollos de papel de WC, tal y como podéis apreciar en la foto. Dado que el papel se gasta a buen ritmo, con la clara intención de colaborar en la comodidad y el bienestar de todos, un día decidí poner 6 rollos en la jardinera, haciendo una torre de dos pisos.
Al cabo de un rato, fui de nuevo al baño a llenar la regadera de agua para regar las plantas y ¡¡¡Oh sorpresa!!! Sólo había 3 rollos de papel en su lugar… ¿Dónde estarían los otros tres?

Fui al armario en el que guardamos el papel y otros utensilios de limpieza y no pude evitar sonreír al descubrir los 3 rollos allí guardados, de donde habían salido hacía sólo unos minutos. En aquel momento me vinieron a la cabeza los 4 perfiles DISC que acostumbramos a trabajar en mis formaciones.

¿Qué hubiesen hecho los diferentes personajes?

Estoy convencida que si yo hubiese sido una “D”, hubiera vuelto a poner los tres rollos haciendo el doble piso y me hubiese pasado el día espiando para ver quién los sacaba, para empezar una guerra inacabable.

Por otro lado, si yo hubiese sido “S”, habría salido corriendo del WC para que nadie pudiese sospechar que había sido yo la que había puesto los tres rollos de más, me hubiese pasado el día sufriendo por si me habían visto, y pensando qué debería hacer si un día sólo habían dos rollos, si debería poner otro o sería mejor esperar a que se acabasen todos. ¿Qué sería lo correcto?

También sospecho que la persona que quitó los tres rollos “sobrantes” es una “C”, y desde entonces he procurado respetar esta perfecta cuadratura de la foto para no herir susceptibilidades.

Como yo soy “I”, decidí hacer una foto y decirme a mí misma que pronto escribiría un post caricaturesco sobre este hecho.

La convivencia entre los diferentes perfiles DISC es compleja. A menudo los equipos deben encontrar un encaje que va más allá del trabajo en sí mismo.

La empatía no solo son palabras

Entiendo la empatía como la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, de entender cómo pueden sentirse emocionalmente en un momento determinado, de entender desde dónde miran, desde qué conocimientos, desde qué creencias, desde qué valores y también desde qué necesidades.

Desde mis conocimientos, mis creencias y mis valores, yo veo los presos del “procés” como presos políticos, como personas inocentes que no han cometido ningún delito. Mis valores en este sentido son suficientemente fuertes como para dejar al margen algunas falsas necesidades, como la de quedar bien con todo el mundo, o incluso la de no perder oportunidades profesionales. El lazo amarillo que llevo en el abrigo, está en twitter y también en linkedin, sabiendo que esto me puede hacer perder clientes. Lo asumo por responsabilidad y por coherencia.

Intentando hacer un acto de empatía, sé que algunos políticos del Parlament de Catalunya ven a nuestros presos como delincuentes, como personas que han cometido ilegalidades, y con su interpretación del valor de la justicia, creen que deben ser juzgados y estar en la cárcel. Por lo tanto, he pensado en cualquier persona que bajo mis parámetros me pueda parecer un delincuente y que yo crea que debe estar en la cárcel. Y cuando pienso en sus padres, hijos, parejas, amigos, conecto con su dolor tan profundamente, que no puedo imaginarme no mirarles a los ojos cuando se hace un reconocimiento público de la crueldad de su situación. Si en alguno de estos casos creyese que los presos no merecen un abrazo, creo que sus familiares sí.

Siguiendo con mi intento de empatía, pienso que quizá la falsa necesidad que tienen estos políticos de seguir perteneciendo a sus grupos, la falsa necesidad de poder, el miedo a perder el trabajo, o el miedo a enfrentarse a su grupo, entre otros, les tienen tan encarcelados como los que lo están físicamente. Ayer en FAQS TV3, la hija de Jordi Turull, dijo una frase magnífica: “Todo el mundo tiene humanidad dentro suyo, quizá es necesario ir a buscarla porque hay muchos intereses y es normal, pero en el fondo no creo que se sientan cómodos así…”.

De todos modos, este intento mío de empatía parte de mi interpretación. La empatía requiere escuchar al otro, con una escucha activa, sin juicio. Pero si ninguna de estas personas es capaz de explicar qué la llevó a ni mirar a la cara a los familiares de nuestros presos, a mí solo me quedan las interpretaciones.

Tenéis todo el derecho a no mirarles, a no aplaudirles, igual que otros tienen derecho a no saludaros. No hay conductas buenas ni malas, hay conductas “utiléticas”, aquellas que son útiles y contribuyen a nuestros objetivos, y al mismo tiempo nos permiten dormir en paz y en equilibrio con nuestra conciencia. Y la conciencia de cada uno, es suya y solo suya.

Nota: El término “utilético” lo utilizo a menudo, pero no lo busquéis en el diccionario, simplemente me lo he inventado.