¿Qué haría yo si tuviese menos miedo?

Valorando la propuesta que me hizo José Antonio, un seguidor de facebook, este post habla del miedo. El miedo es una emoción tan nuestra como todas las demás. A mí me merece un gran respeto porque, como decía el gran Eduard Punset, sin miedo el ser humano se habría extinguido.
El miedo nos informa de las posibilidades de supervivencia ante determinadas situaciones y nos hace ser prudentes. Es una alarma que, ante posibles peligros, nos alerta de que debemos buscar más seguridad. Esto es muy útil, y por lo tanto no se trata de estigmatizar el miedo. Como todas las emociones, tiene su función y nos acompañará a lo largo de la nuestra vida, es necesario que lo acojamos y le demos su espacio.
Tenemos muchos niveles y tipos de miedo, no es lo mismo sentir preocupación que pánico, ansiedad que angustia, y en cambio, en todos los casos estaríamos hablando de miedo.

Dicho esto, os voy a poner un ejemplo que no tiene nada que ver con las emociones, que nos puede ayudar a entender algunas cosas: sabemos que el hambre es una sensación que nos informa de la necesidad de alimentarnos, y que si no tuviésemos sensación de hambre, sería más fácil morir de desnutrición. Ahora bien, ¿Tú crees que siempre que tienes sensación de hambre estás en peligro? En mi caso te puedo asegurar que no ;-)

Con el miedo pasa igual. ¿Cuántos miedos tienen que ver con cosas que hemos aprendido y nos han hecho creer en un contexto cultural y social determinado? ¿Cuántos miedos nos limitan más que nos protegen? ¿Cuántas cosas maravillosas nos podemos perder por miedo? ¿Cuánto sufrimos por cosas que no pasarán nunca? ¿Cuántos miedos crecen dentro de nuestra cabeza, alimentados por nuestros pensamientos, y se hacen pequeños cuando los miramos a los ojos de verdad y los afrontamos?

Por otro lado, conviene tener en cuenta que las conductas de evitación a las que nos lleva el miedo, generan mucho sufrimiento asociado a otras emociones. Algunos ejemplos podrían ser: frustración, impotencia, desánimo, decepción, insatisfacción, envidia, celos, resentimiento, culpa, desmotivación y soledad.

Superar nuestros miedos tiene su momento de vértigo, y por lo tanto sólo nos vamos a poner a ello si vemos la utilidad y beneficios. Por ejemplo, si una persona supera su miedo a las serpientes, y vive en Barcelona, no le gusta viajar ni ir a la montaña y no trabaja en ninguna tienda de animales ni en ningún zoológico, su vida no mejorará especialmente. En cambio, si esta misma persona viviese en la selva, superar este miedo mejoraría sensiblemente su día a día. Por lo tanto, antes de ponernos a ello, nos haremos cuatro preguntas:

1. ¿Qué me estoy perdiendo a causa de este miedo?
Si la respuesta es “nada importante para mí”, pues a vivir con este miedo y con alegría. Si la respuesta es “algo valioso para mí”, entonces vienen las tres preguntas siguientes:

2. ¿Qué es lo peor que puede pasar si miro de afrontarlo?
3. ¿Sería peor que lo que estoy viviendo ahora?
4. ¿Seguro?

Escuchando muchísimas personas tanto en mi vida profesional como también en la personal, he hecho una lista de lo que podríamos hacer este verano si tuviésemos menos miedo. ¿Te atreves?

Si tuviese menos miedo:

- Le diría a mi pareja que es la persona más maravillosa del mundo y que, aunque puedo vivir sin ella, no lo quiero hacer, y que sí, que me quiero casar con ella.

- Dejaría este trabajo que está acabando con mi salud.

- Le diría a aquel amigo o amiga que le amo de manera diferente y no sólo como una amistad.

- Diría que sí a aquel proyecto profesional tan estimulante y a la vez incierto.

- Dejaría de posponer el hecho de ser padre o madre con la excusa de que no es el momento.

- Me iría a vivir al extranjero.

- Le diría a mi pareja que no quiero ser padre o madre.

- Me separaría de mi pareja.

- Les diría a mis hijos que comienza a ser hora que se espabilen y actuaria con coherencia ante dicha convicción.

- Tendría aquella conversación pendiente que tanto me hace perder el sueño.

- Me comprometería de verdad con aquella causa asumiendo todas las consecuencias que se deriven de ella.

- Saldría del armario.

- Diría lo que realmente pienso de aquello sobre lo que todo mi entorno piensa lo contrario.

Qué diferente puede ser este verano si conseguimos tener menos miedo ¿Verdad?

“Que vuestras decisiones respondan a vuestras esperanzas, no a vuestros miedos.” Nelson Mandela

Emoción + Creencia = emoción x 2

¿Cuantas veces en la vida has sentido envidia? ¿Y en cuantas de ellas te has apresurado a añadirle la etiqueta de “envidia sana”? Las emociones no son sanas o insanas, lo que es beneficioso para nuestra salud emocional, es reconocerlas, aceptarlas y decidir qué hacemos con ellas.

Por lo tanto, la envidia es envidia se mire como se mire, y si en algún momento de tu vida la sientes y comienzas a pensar que no la deberías sentir porqué es mala y tú no eres tan mala persona como para sentirla y bla, bla, bla… Entonces sentirás envidia y culpa.

¿Has visto qué fácil que se pueden multiplicar les emociones?

Las personas no podemos decidir cómo nos sentimos y es necesario que lo reconozcamos y que lo aceptemos. Todas las emociones forman parte de nosotros y por lo tanto, acogerlas es aceptarnos con todo aquello que nos gusta y también con lo que no.

Lo que sí que podemos hacer y está en nuestras manos, son tres cosas:

1. Trabajar sobre les nuestras creencias y pensamientos, ya que las emociones se alimentan de ellas.

2. Reconocer las emociones que sentimos, justo en el momento en el que las sentimos, aceptarlas y decidir cómo queremos gestionarlas: meditación, deporte, arte, escritura, conversaciones pendientes…

3. Ejercer autocontrol. Es decir, que todo aquello que hagamos, no hagamos, digamos o callemos lo decida nuestra voluntad y no dejemos que se apoderen de ello nuestras emociones. Por lo tanto, conseguir tener conductas “utiléticas”(*) que nos beneficien y nos potencien.

Todo ello requiere un trabajo de auto observación y de entrenamiento importante. Un tiempo y un esfuerzo, que sólo decidiremos invertir si vemos beneficios. ¿Lo queréis probar?

(*) “utilética” es un término que no existe. Me lo inventé para referirme a la conducta o a la comunicación. Para mí la comunicación “utilética” es aquella que es útil y por lo tanto contribuye a nuestros objetivos, y es ética y por lo tanto está alineada con nuestros valores. Dado que la utilidad y los valores son personales, solo nosotros mismos podremos determinar si una comunicación ha sido “utilética” o no.

La abuela Pepita

Este sábado, una abuela que tenía entradas para ir al teatro con unas amigas, finalmente no fue.

Tenía los tiques comprados de hacía días y le hacía mucha ilusión, no va a menudo al teatro. Era uno de aquellos planes que pintaba un poco diferente a la rutina habitual.

El viernes por la noche, la abuela a la que voy a llamar Pepita, recibió una llamada de su hijo pidiéndole que el sábado le hiciese de canguro del nieto porque él tenía una cena. Y Pepita no se atrevió a decir que no.

Está claro que la responsable última de haber tirado un dinero y de haberse perdido una buena tarde con las amigas, es ella misma. De todos modos, esta situación me plantea una serie de reflexiones:

1. ¿La confianza que tienen los hijos adultos para pedir un favor a los padres/abuelos, es recíproca?

2. ¿Podemos hablar de Pepita a secas? ¿O es que esta ha desaparecido fagocitada por la abuela Pepita?

3. ¿Pepita toma decisiones conscientes? ¿O está condicionada por presiones sociales, convenciones y estereotipos?

Estoy convencida de que no hay una única respuesta para cada una de estas preguntas, y también, que quien lea este post, se puede formular otras. En todo caso me encantan las preguntas, lo que me inquieta son algunas de las respuestas que puedo escuchar en nuestra sociedad:

1. ¿Qué hay mejor para una abuela que pasar una tarde con sus nietos?
2. El amor de las abuelas hacia los nietos es insuperable.
3. Dice mucho de ella, la capacidad de sacrificio es un gran don.
4. Está jubilada, tiene todo el tiempo del mundo, puede ir otro día al teatro.
5. Tú no eres madre ni abuela y no puedes entender nada…

Las personas somos individuos, y en función de nuestras elecciones y otras circunstancias ajenas a nosotros, podemos ser nietos, hijos, hermanos, amigos, estudiantes, profesionales, tíos, pareja, padres, abuelos, seres sociales… Es necesario encontrar espacio apra todos los roles de los que queramos disfrutar, entendiendo que si el día tiene 24 horas, cuantos más roles queramos mantener, menos tiempo habrá para cada uno de ellos.

Escucha Pepita, yo no soy quien para decirte si hiciste bien no yendo al teatro, esto solo lo puedes valorar tú. Si escoges con consciencia, cualquier decisión estará bien. ¡Adelante!

Te acepto en linkedin, pero no me molestes

A raíz de un interesante debate en linkedin iniciado por Álex López López el pasado viernes día 7 de septiembre, sobre el uso adecuado de dicha red, me he planteado una serie de reflexiones que han desembocado en este post, demasiado largo para responder de forma directa.

Dice Álex López: “El cliente de hoy no está en esta red social para comprar al primer proveedor que le contacta. Está para observar, valorar y contratar a los mejores”.
Hasta aquí, totalmente de acuerdo.

Y sigue: “Enviar una oferta de servicios a un miembro de linkedin sólo porque te haya aceptado, es posiblemente la manera más rápida de no venderle nunca”.
Aquí discrepo.

Aunque si un experto en redes afirma esto y la mayoría de los participantes en el debate apuntan que linkedin no es para vender y que les molesta recibir un correo donde un contacto reciente les ofrece sus servicios o les pide trabajo, deberé reflexionar de cara a futuros contactos.

¿Para qué aceptamos un contacto en linkedin si no nos interesa lo más mínimo lo que hace? ¿Si nos molesta que nos lo cuente? ¿Es que no podemos decir que no, si vemos que no nos encaja lo que nos proponen? De hecho, a mí me sorprende mucho más cuando alguien a quien no conozco de nada me pide contactar en linkedin sin un mínimo texto de cortesía, y cuando lo acepto no me dice nada más, ni me ofrece nada, ni me pide nada, ni me cuenta nada. ¿Para qué me ha pedido contacto? ¿Para acumularlos y poder decir que tiene más de 500?

Según mi humilde punto de vista como usuaria en redes sociales, es cierto que, linkedin es un escaparate d0nde compartir conocimiento y generar relaciones profesionales y debates fantásticos. Y también es cierto que, al menos algunos, estamos allí para generar negocio y en mi caso, para vender más servicios de formación.

La acción comercial ha cambiado mucho desde la aparición de las redes, pero sea como sea, la proactividad siempre ha sido necesaria, útil y valorada. Me preocupa que, en general, nos hayamos vuelto tan poco receptivos, empáticos y sensibles a las necesidades ajenas. Tan egocéntricos que parece que lo único importante sea el número de likes y comentarios recibidos, que aunque nos encanten, si no se traducen en facturación, no sirven más que para alimentar nuestro ego.

¿Qué se supone que deben hacer los comerciales si detectan un cliente potencial en linkedin? ¿Pedir contacto e ir mostrando lo buenos que son, comentando en los debates y acumulando seguidores sin más, esperando a que les llamen?

Del mismo modo, ¿Qué se supone que deben hacer los profesionales que buscan trabajo si ven una oportunidad en linkedin?

¿Qué es lo que molesta si un/a profesional contacta contigo de forma respetuosa a través de linkedin para ofrecerte algo que podría ser de tu interés o para pedirte lo que sea?

Yo entiendo perfectamente que alguien a quien he aceptado como contacto, contacte conmigo para venderme o para pedirme trabajo, unas veces me gusta más como lo hacen y otras menos. Lo que valoro y me ayuda a discernir si pueden ser los mejores y si podría establecer relaciones profesionales con ellos si hubiese la necesidad, es el cómo lo hacen. En mi opinión, el diferencial está cuando el contacto es respetuoso, creativo, empático, asertivo, profesional y sobre todo, personalizado.

Y como para mí es básica la comunicación, también valoro entre los mejores a los que me contestan de manera asertiva y respetuosa, aunque sea para decirme que no les mande más mails.

Una última reflexión: de acuerdo a mi experiencia, los mejores en las redes sociales y los más “gurús”, no siempre son los más humanos. Tanto en mis clientes como en mis proveedores, valoro el perfecto equilibrio entre profesionalidad y calidad humana, que sólo pueden mostrarme en una comunicación interpersonal.

Es sólo mi opinión. Para gustos, colores.

El misterioso caso del papel de váter y los diferentes perfiles DISC

Os voy a explicar una pequeña anécdota que me pasó hace unos meses en mi despacho.

Como muchos de vosotros sabéis, tengo el despacho en un piso donde comparto espacios comunes con diferentes empresas. En el baño de mujeres tenemos una especie de jardinera de madera en la que caben a la perfección 3 rollos de papel de WC, tal y como podéis apreciar en la foto. Dado que el papel se gasta a buen ritmo, con la clara intención de colaborar en la comodidad y el bienestar de todos, un día decidí poner 6 rollos en la jardinera, haciendo una torre de dos pisos.
Al cabo de un rato, fui de nuevo al baño a llenar la regadera de agua para regar las plantas y ¡¡¡Oh sorpresa!!! Sólo había 3 rollos de papel en su lugar… ¿Dónde estarían los otros tres?

Fui al armario en el que guardamos el papel y otros utensilios de limpieza y no pude evitar sonreír al descubrir los 3 rollos allí guardados, de donde habían salido hacía sólo unos minutos. En aquel momento me vinieron a la cabeza los 4 perfiles DISC que acostumbramos a trabajar en mis formaciones.

¿Qué hubiesen hecho los diferentes personajes?

Estoy convencida que si yo hubiese sido una “D”, hubiera vuelto a poner los tres rollos haciendo el doble piso y me hubiese pasado el día espiando para ver quién los sacaba, para empezar una guerra inacabable.

Por otro lado, si yo hubiese sido “S”, habría salido corriendo del WC para que nadie pudiese sospechar que había sido yo la que había puesto los tres rollos de más, me hubiese pasado el día sufriendo por si me habían visto, y pensando qué debería hacer si un día sólo habían dos rollos, si debería poner otro o sería mejor esperar a que se acabasen todos. ¿Qué sería lo correcto?

También sospecho que la persona que quitó los tres rollos “sobrantes” es una “C”, y desde entonces he procurado respetar esta perfecta cuadratura de la foto para no herir susceptibilidades.

Como yo soy “I”, decidí hacer una foto y decirme a mí misma que pronto escribiría un post caricaturesco sobre este hecho.

La convivencia entre los diferentes perfiles DISC es compleja. A menudo los equipos deben encontrar un encaje que va más allá del trabajo en sí mismo.

La empatía no solo son palabras

Entiendo la empatía como la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, de entender cómo pueden sentirse emocionalmente en un momento determinado, de entender desde dónde miran, desde qué conocimientos, desde qué creencias, desde qué valores y también desde qué necesidades.

Desde mis conocimientos, mis creencias y mis valores, yo veo los presos del “procés” como presos políticos, como personas inocentes que no han cometido ningún delito. Mis valores en este sentido son suficientemente fuertes como para dejar al margen algunas falsas necesidades, como la de quedar bien con todo el mundo, o incluso la de no perder oportunidades profesionales. El lazo amarillo que llevo en el abrigo, está en twitter y también en linkedin, sabiendo que esto me puede hacer perder clientes. Lo asumo por responsabilidad y por coherencia.

Intentando hacer un acto de empatía, sé que algunos políticos del Parlament de Catalunya ven a nuestros presos como delincuentes, como personas que han cometido ilegalidades, y con su interpretación del valor de la justicia, creen que deben ser juzgados y estar en la cárcel. Por lo tanto, he pensado en cualquier persona que bajo mis parámetros me pueda parecer un delincuente y que yo crea que debe estar en la cárcel. Y cuando pienso en sus padres, hijos, parejas, amigos, conecto con su dolor tan profundamente, que no puedo imaginarme no mirarles a los ojos cuando se hace un reconocimiento público de la crueldad de su situación. Si en alguno de estos casos creyese que los presos no merecen un abrazo, creo que sus familiares sí.

Siguiendo con mi intento de empatía, pienso que quizá la falsa necesidad que tienen estos políticos de seguir perteneciendo a sus grupos, la falsa necesidad de poder, el miedo a perder el trabajo, o el miedo a enfrentarse a su grupo, entre otros, les tienen tan encarcelados como los que lo están físicamente. Ayer en FAQS TV3, la hija de Jordi Turull, dijo una frase magnífica: “Todo el mundo tiene humanidad dentro suyo, quizá es necesario ir a buscarla porque hay muchos intereses y es normal, pero en el fondo no creo que se sientan cómodos así…”.

De todos modos, este intento mío de empatía parte de mi interpretación. La empatía requiere escuchar al otro, con una escucha activa, sin juicio. Pero si ninguna de estas personas es capaz de explicar qué la llevó a ni mirar a la cara a los familiares de nuestros presos, a mí solo me quedan las interpretaciones.

Tenéis todo el derecho a no mirarles, a no aplaudirles, igual que otros tienen derecho a no saludaros. No hay conductas buenas ni malas, hay conductas “utiléticas”, aquellas que son útiles y contribuyen a nuestros objetivos, y al mismo tiempo nos permiten dormir en paz y en equilibrio con nuestra conciencia. Y la conciencia de cada uno, es suya y solo suya.

Nota: El término “utilético” lo utilizo a menudo, pero no lo busquéis en el diccionario, simplemente me lo he inventado.

Te quiero, eres perfect@, ya te cambiaré

Este era el título de un musical muy divertido que Vania Produccions llevó al Poliorama ahora hace unos cuantos años. Es un título interesante, porque realmente nos conecta con la realidad. A menudo, proyectamos en las potenciales parejas nuestros sueños, pensando que la persona que tenemos delante es una escultura de barro muy tierna y moldeable a nuestro gusto. Con la falsa necesidad de pareja, cualquier candidato o candidata nos sirve y nos auto engañamos pensando que somos escultores de personas.

Al mismo tiempo nosotros también nos volvemos como una especie de “blandiblub”, adaptándonos de manera blanda y mostrando sólo aquello que sabemos que gustará al otro. De esta manera atraemos a personas que se van a enamorar de alguien que no existe.
Es el día a día el que acabará desenmascarando a los amantes que, cuando hayan proyectado un espejismo en el otro, se sentirán inevitablemente frustrados y decepcionados.

Si cuando conoces a alguien observas los pequeños detalles, será más fácil descartar a quien ya está claro que no encaja. Si al mismo tiempo, te muestras de manera espontánea, sin tabús, quizás habrá quien no se te acerque, pero quien lo haga, es más probable que se esté enamorando de ti y no de una ilusión.

Otro hecho a tener en cuenta es que las personas cambiamos y evolucionamos de maneras diversas, y que incluso cuando hemos escogido de manera adecuada, aquel encaje puede tener fecha de caducidad. Esto es más frecuente en parejas que comienzan la relación de muy jóvenes.

Por lo tanto, para estar dispuestos a que nos descarten y a descartar, primero debemos aceptar que tener pareja es un estado. No es el único, no es el mejor, y puede ser contraproducente cuando lo vivimos como una necesidad.

Para mí la pareja es como un taburete, para que se aguante de manera estable necesita al menos tres patas, las tres “C”: CABEZA, CORAZÓN y CUERPO. La CABEZA me dice cuándo esta persona me suma, me aporta, me trata bien, me respeta, tenemos valores comunes… El CORAZÓN me hace sentir amor y otras emociones muy agradables de sentir, y el CUERPO me dice cuándo la persona “me pone”, me atrae.
Existen muchas otras patas que pueden sostener este taburete, y cada uno de nosotros debemos tener claro cuáles son las nuestras. También hay parejas que subsisten toda la vida a la pata coja, ¡Y se sostienen! Ahora bien, ¿Cuanta energía necesitan para funcionar? Mi opinión es que cuando las piezas encajan, las relaciones fluyen y son fáciles.

Sea cual sea la situación, conviene sobre todo que seamos conscientes de las elecciones y las renuncias que hacemos, los únicos responsables de éstas, somos nosotros mismos.

Y finalmente recordemos la importancia de la comunicación interpersonal. Nuestras necesidades y las patas de nuestro taburete no se ven. Por lo tanto, si nuestras potenciales parejas quieren conocernos y nosotros no nos explicamos, sólo les queda la opción de interpretar.

Pedacitos de vida

Este 2017 que estamos dejando atrás ha sido un año difícil para mí. He experimentado la pérdida en primera persona y en muchas de sus formas. La vida me ha puesto en situaciones donde he tenido que revisar mis valores, confrontarlos, ordenarlos y también tomar decisiones importantes y duras. Todo ello ha sido un gran aprendizaje que incluye entre otros, mi reconciliación con el concepto de muerte.

Si abro un poco el foco, ¡Veo que son tantas las cosas buenas que también me han sucedido este año!

Abrazos, besos y amor diarios, fiesta de 50 años inolvidable, momentos de paz y de intimidad preciosos, tertulias con amigos y amigas fantásticos, excursiones increíbles, baños especiales, situaciones maravillosas de rutina cotidiana, retos heroicos, emociones desbordadas…

Aún y los contratiempos del año, sé que soy afortunada de poder hacer reflexiones de este tipo, de poder ponerme delante del ordenador a expresar cómo me siento, de estar al lado de las personas que amo y de tener las necesidades básicas más que cubiertas. Que algunas personas del mundo tengamos este privilegio y otras no, me inquieta y me perturba.

Con todo, constato lo que ya intuía, que cada año que pasa amplío y mejoro mi capacidad para vivir con conciencia, y que esto, a nivel individual, me da una sensación de plenitud infinita que me permite sentirme en paz a pesar de los inconvenientes.

Ante cualquier situación de conflicto interno, a mí me es útil priorizar mis valores, tomar decisiones, y actuar. La pregunta que me hago es: ¿Qué puedo hacer o dejar de hacer para sentirme mejor?

Cada año escribo mi carta a los reyes magos con mis deseos, y este año voy a pedir de todo corazón cosas que nunca hubiese imaginado que querría, porque por mucho que hagas planes, la vida siempre te sorprende.

¡Por un 2018 lleno de amor y de conciencia!

Días que nos marcan para siempre

Hoy, como mucha gente en Cataluña, me he sumado al paro que se ha convocado, porque pienso que la situación que estamos viviendo es demasiado preocupante como para callar y hacer ver que no pasa nada.

Condeno los actos de violencia contra ciudadanos pacíficos que hubo el 1 de Octubre, y condeno toda la violencia. Venga de donde venga. Me cuesta mucho entender que alguien pueda justificar lo que hemos visto. De todos modos, respeto el derecho de las personas a opinar y expresarse como quieran, incluso cuando no me gusta lo que dicen o no me gusta como lo dicen.

Como profesional que trabaja para la resolución de conflictos sé que las diferencias se resuelven sobretodo comunicándonos hablando, escuchando y respetando.

Cuando en diferentes grupos hay personas que, en nombre de un falso respeto, piden que no se hable de unos hechos tan terribles como los que ocurrieron el domingo, o de las movilizaciones que hay hoy, me pongo muy triste. No quiero vivir en medio de un conflicto y mirar hacia otro lado, hablar del tiempo o explicar chistes malos, como si no fuese conmigo. Quien quiere hablar de ello, habla, y debe poder decir lo que piensa sea del color que sea. Y quien quiere callar, calla. En un grupo sano y maduro no debería haber temas tabú. Para mí el respeto es dejar que las personas se expresen libremente.

Ayer fui a dar un curso sobre comunicación que empezamos ya hace unas semanas, una de las alumnas estaba de baja por haber sido agredida por la policía el domingo, otra estaba emocionalmente bloqueada, sin sentimientos, y algunas estábamos en una especie de estado de shock. No pensábamos todas lo mismo sobre muchas cosas, pero hablamos, escuchamos, lloramos y contrastamos diferentes opiniones. En general salimos mejor de lo que habíamos entrado.

El odio nos lleva a la autodestrucción y es necesario trabajar para que no se instale en nuestro corazón. Prefiero mil veces ser odiada que odiar.

Deseo que tod@s, penséis lo que penséis y sintáis lo que sintáis, luchéis de manera pacífica para conseguir vuestros sueños, y viváis con mucha paz en el corazón, tolerancia y amor.

Reflexiones de verano

Soy alegría y tristeza, soy emoción y razón, soy humana y quiero sentirme libre para sentir.

Viviremos este mes de agosto en función de lo que nos esté pasando en ese momento y de cómo nos sintamos. Para unos serán las mejores vacaciones de su vida, para otros serán unas buenas vacaciones, para otros serán vacaciones difíciles y para otros no serán vacaciones. Todas las opciones son humanas, válidas, respetables y posibles.

Pensando en las diferentes vivencias que tendremos los unos y los otros de las vacaciones, y de las circunstancias en las que yo viviré las mías, he recordado experiencias de estos últimos años, que me han hecho observar dos tendencias contrapuestas que circulan por el ambiente. Son dos tipos de mensaje, que bajo mi punto de vista, nos pueden acabar haciendo sentir culpables de sentir.

La primera es una corriente que he vivido mucho en mi piel. Es aquella que te recuerda que si dices que te sientes muy feliz, seguro que escondes algo. Y recibes mensajes del tipo: “uy, esta sonrisa es falsa, detrás de ella se vislumbra algo escondido”, “es imposible estar tan feliz y positivo, seguro que no te estás enfrentando a la realidad”, “¿Cómo puedes sentirte feliz con las desgracias que hay en el mundo?” y “bla, bla, bla…”. Mostrarte súper feliz puede ser un inconveniente, y hasta puede ser motivo de exclusión en un grupo.

La segunda corriente, es la que prodiga la psicología positiva, debemos mirar siempre en positivo, tenemos que estar alegres y contentos y tenemos que ser unos súper héroes dispuestos a salir continuamente de nuestra zona de confort. Los comentarios que puedes recibir desde este lado son del tipo “no tienes ningún derecho a quejarte, deja de ser victimista”, “si tienes que venir a cenar con esta cara de asco, mejor que no vengas”, “te he pisado y te he menospreciado, aunque tú ahora no lo entiendas algún día verás que era lo mejor para ti” y “bla, bla, bla…”. Si no eres un héroe que vive todas las experiencias negativas sabiendo sacar una gran lección de vida, es que no eres nadie.

Escuchado a unos y otros gurús con espíritu crítico, yo he preferido sacara mis propias conclusiones. Aquí las comparto para quien pueda o quiera sacar provecho de ellas, y os animo también, si os apetece, a sacar las vuestras.

1. Puede ser que me sienta tan feliz que no tenga ganas de salir de mi zona de confort, porque la encuentro maravillosa y quiero mantenerme dentro de ella por los siglos de los siglos. Saldré de mi zona de confort cuando ésta me limite o me incomode, o cuando las circunstancias de la vida me obliguen a ello. Pero no lo haré porque alguien me diga que es lo que debo hacer ni porque sea el único camino.

2. Puede ser que quiera ir a cenar con mis amigos porque no quiero estar sola, pero no puedo dejar a mi tristeza en casa encerrada bajo llave, si yo vengo a cenar, mi tristeza también tendrá que tener un plato en la mesa y sentirse bienvenida.

3. Si te digo que estoy en un momento maravilloso de mi vida y que soy inmensamente feliz, quizá es verdad, aunque a ti te parezca imposible sentirte así algún día.

4. Estar enfadado, tener miedo, sentir envidia o desmotivación, es un hecho humano. No sólo tengo derecho a sentirme así, sino que es inevitable. Puedo decidir qué hago, pero no cómo me siento. Evidentemente en función de lo que haga puedo influir en mis emociones, y esto sí está en mis manos.

5. Haré las cosas que me vea en la necesidad de hacer, las cosas que crea que me van a ser útiles, las cosas que yo quiera hacer. No haré las cosas porque me las diga alguien. Por lo tanto si alguien quiere que yo haga algo, lo conseguirá antes haciéndome ver la necesidad de hacerlo que imponiéndomelo como dogma de fe.

6. Los cinco puntos anteriores los podéis compartir, los podéis rebatir, los podéis ignorar, o los podéis tirar a la papelera. Cualquier opción estará bien si es la que vosotros habéis decidido. Ninguno de nosotros tenemos la verdad absoluta, si es que ésta existe.

Yo quiero vivir este mes de agosto siendo consciente de mi misma y dejándome sentir. ¿Y tú? ¿Cómo quieres vivirlo?

Fotografía: obra de Enric Font