La empatía no solo son palabras

Entiendo la empatía como la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, de entender cómo pueden sentirse emocionalmente en un momento determinado, de entender desde dónde miran, desde qué conocimientos, desde qué creencias, desde qué valores y también desde qué necesidades.

Desde mis conocimientos, mis creencias y mis valores, yo veo los presos del “procés” como presos políticos, como personas inocentes que no han cometido ningún delito. Mis valores en este sentido son suficientemente fuertes como para dejar al margen algunas falsas necesidades, como la de quedar bien con todo el mundo, o incluso la de no perder oportunidades profesionales. El lazo amarillo que llevo en el abrigo, está en twitter y también en linkedin, sabiendo que esto me puede hacer perder clientes. Lo asumo por responsabilidad y por coherencia.

Intentando hacer un acto de empatía, sé que algunos políticos del Parlament de Catalunya ven a nuestros presos como delincuentes, como personas que han cometido ilegalidades, y con su interpretación del valor de la justicia, creen que deben ser juzgados y estar en la cárcel. Por lo tanto, he pensado en cualquier persona que bajo mis parámetros me pueda parecer un delincuente y que yo crea que debe estar en la cárcel. Y cuando pienso en sus padres, hijos, parejas, amigos, conecto con su dolor tan profundamente, que no puedo imaginarme no mirarles a los ojos cuando se hace un reconocimiento público de la crueldad de su situación. Si en alguno de estos casos creyese que los presos no merecen un abrazo, creo que sus familiares sí.

Siguiendo con mi intento de empatía, pienso que quizá la falsa necesidad que tienen estos políticos de seguir perteneciendo a sus grupos, la falsa necesidad de poder, el miedo a perder el trabajo, o el miedo a enfrentarse a su grupo, entre otros, les tienen tan encarcelados como los que lo están físicamente. Ayer en FAQS TV3, la hija de Jordi Turull, dijo una frase magnífica: “Todo el mundo tiene humanidad dentro suyo, quizá es necesario ir a buscarla porque hay muchos intereses y es normal, pero en el fondo no creo que se sientan cómodos así…”.

De todos modos, este intento mío de empatía parte de mi interpretación. La empatía requiere escuchar al otro, con una escucha activa, sin juicio. Pero si ninguna de estas personas es capaz de explicar qué la llevó a ni mirar a la cara a los familiares de nuestros presos, a mí solo me quedan las interpretaciones.

Tenéis todo el derecho a no mirarles, a no aplaudirles, igual que otros tienen derecho a no saludaros. No hay conductas buenas ni malas, hay conductas “utiléticas”, aquellas que son útiles y contribuyen a nuestros objetivos, y al mismo tiempo nos permiten dormir en paz y en equilibrio con nuestra conciencia. Y la conciencia de cada uno, es suya y solo suya.

Nota: El término “utilético” lo utilizo a menudo, pero no lo busquéis en el diccionario, simplemente me lo he inventado.