Te quiero, eres perfect@, ya te cambiaré

Este era el título de un musical muy divertido que Vania Produccions llevó al Poliorama ahora hace unos cuantos años. Es un título interesante, porque realmente nos conecta con la realidad. A menudo, proyectamos en las potenciales parejas nuestros sueños, pensando que la persona que tenemos delante es una escultura de barro muy tierna y moldeable a nuestro gusto. Con la falsa necesidad de pareja, cualquier candidato o candidata nos sirve y nos auto engañamos pensando que somos escultores de personas.

Al mismo tiempo nosotros también nos volvemos como una especie de “blandiblub”, adaptándonos de manera blanda y mostrando sólo aquello que sabemos que gustará al otro. De esta manera atraemos a personas que se van a enamorar de alguien que no existe.
Es el día a día el que acabará desenmascarando a los amantes que, cuando hayan proyectado un espejismo en el otro, se sentirán inevitablemente frustrados y decepcionados.

Si cuando conoces a alguien observas los pequeños detalles, será más fácil descartar a quien ya está claro que no encaja. Si al mismo tiempo, te muestras de manera espontánea, sin tabús, quizás habrá quien no se te acerque, pero quien lo haga, es más probable que se esté enamorando de ti y no de una ilusión.

Otro hecho a tener en cuenta es que las personas cambiamos y evolucionamos de maneras diversas, y que incluso cuando hemos escogido de manera adecuada, aquel encaje puede tener fecha de caducidad. Esto es más frecuente en parejas que comienzan la relación de muy jóvenes.

Por lo tanto, para estar dispuestos a que nos descarten y a descartar, primero debemos aceptar que tener pareja es un estado. No es el único, no es el mejor, y puede ser contraproducente cuando lo vivimos como una necesidad.

Para mí la pareja es como un taburete, para que se aguante de manera estable necesita al menos tres patas, las tres “C”: CABEZA, CORAZÓN y CUERPO. La CABEZA me dice cuándo esta persona me suma, me aporta, me trata bien, me respeta, tenemos valores comunes… El CORAZÓN me hace sentir amor y otras emociones muy agradables de sentir, y el CUERPO me dice cuándo la persona “me pone”, me atrae.
Existen muchas otras patas que pueden sostener este taburete, y cada uno de nosotros debemos tener claro cuáles son las nuestras. También hay parejas que subsisten toda la vida a la pata coja, ¡Y se sostienen! Ahora bien, ¿Cuanta energía necesitan para funcionar? Mi opinión es que cuando las piezas encajan, las relaciones fluyen y son fáciles.

Sea cual sea la situación, conviene sobre todo que seamos conscientes de las elecciones y las renuncias que hacemos, los únicos responsables de éstas, somos nosotros mismos.

Y finalmente recordemos la importancia de la comunicación interpersonal. Nuestras necesidades y las patas de nuestro taburete no se ven. Por lo tanto, si nuestras potenciales parejas quieren conocernos y nosotros no nos explicamos, sólo les queda la opción de interpretar.