Pedacitos de vida

Este 2017 que estamos dejando atrás ha sido un año difícil para mí. He experimentado la pérdida en primera persona y en muchas de sus formas. La vida me ha puesto en situaciones donde he tenido que revisar mis valores, confrontarlos, ordenarlos y también tomar decisiones importantes y duras. Todo ello ha sido un gran aprendizaje que incluye entre otros, mi reconciliación con el concepto de muerte.

Si abro un poco el foco, ¡Veo que son tantas las cosas buenas que también me han sucedido este año!

Abrazos, besos y amor diarios, fiesta de 50 años inolvidable, momentos de paz y de intimidad preciosos, tertulias con amigos y amigas fantásticos, excursiones increíbles, baños especiales, situaciones maravillosas de rutina cotidiana, retos heroicos, emociones desbordadas…

Aún y los contratiempos del año, sé que soy afortunada de poder hacer reflexiones de este tipo, de poder ponerme delante del ordenador a expresar cómo me siento, de estar al lado de las personas que amo y de tener las necesidades básicas más que cubiertas. Que algunas personas del mundo tengamos este privilegio y otras no, me inquieta y me perturba.

Con todo, constato lo que ya intuía, que cada año que pasa amplío y mejoro mi capacidad para vivir con conciencia, y que esto, a nivel individual, me da una sensación de plenitud infinita que me permite sentirme en paz a pesar de los inconvenientes.

Ante cualquier situación de conflicto interno, a mí me es útil priorizar mis valores, tomar decisiones, y actuar. La pregunta que me hago es: ¿Qué puedo hacer o dejar de hacer para sentirme mejor?

Cada año escribo mi carta a los reyes magos con mis deseos, y este año voy a pedir de todo corazón cosas que nunca hubiese imaginado que querría, porque por mucho que hagas planes, la vida siempre te sorprende.

¡Por un 2018 lleno de amor y de conciencia!