2017: Por un gran 2017. ¡¡¡Felices fiestas!!!

Deseo que este 2017 alcances tus retos con:

La determinación imprescindible para saber dónde quieres ir.

La estabilidad necesaria para generar el mejor contexto.

La apertura conveniente para aprender de los demás.

La flexibilidad adecuada para adaptarte y crear.

El equilibrio perfecto entre las 4 disposiciones actitudinales anteriores.

¡¡¡FELICES FIESTAS!!!

Las tórtolas de la fotografía son reales, descubre aquí su historia.

El nido de tórtolas

Este pasado mes de abril, descubrimos con ilusión que teníamos un nido de tórtolas en nuestra casa, y que contenía dos huevos.

Desde la ventana del despacho dónde trabajamos cuando lo hacemos desde casa, podíamos ver claramente los acontecimientos que se irían produciendo, y cada mañana y cada atardecer, íbamos siguiendo el proceso.

Día y noche, con frio, lluvia o viento, los progenitores estuvieron con determinación allí, cuidando aquellos huevos dando una imagen que nos transmitía mucha ternura.

Las tórtolas también buscaron la estabilidad, para encontrar el mejor momento para poner los huevos, con una climatología propensa para que cuando nazcan las crías puedan desarrollarse con facilidad. Y también para encontrar el mejor sitio, nuestra casa, la que nosotros ya hace tiempo bautizamos como la casa del amor.

Aunque no los podíamos distinguir, según he leído, son tanto el padre como la madre que empollan los huevos, o sea que buscaron la apertura que te permite tomar consciencia de qué necesitas de los demás. Seguramente iban haciendo turnos, trabajando en equipo para un objetivo común y compartido, que más tarde dio sus magníficos frutos.

Y también fueron flexibles, cambiando de posición según soplase el viento, adaptándose a todo aquello que no dependía de ellas, y buscando la mejor manera de mantenerse firmes en su propósito.

Finalmente nacieron las criaturas, fruto del equilibrio perfecto entre las cuatro disposiciones actitudinales anteriores. Dos pollitos preciosos que muy rápido se convirtieron en jóvenes curiosos. I después de algunas escapadas cortas para conocer bien los alrededores, un día decidieron arriesgarse a abandonar el nido definitivamente.

La necesidad de mantener conversaciones incómodas

Cuando en los cursos que imparto pregunto a mis alumnos qué cosas valoran en las relaciones humanas, un alto porcentaje de personas responde que les gusta la sinceridad y la gente que habla claro.

Por otro lado, mi experiencia me dice que el nivel de madurez para poder hablar claro de las cosas que no nos gustan, debe ser bastante alto. Desafortunadamente, no siempre estamos a la altura i la sinceridad tan reclamada puede acabar pasando factura.

En las relaciones sociales superficiales no es necesario, yo ni tan solo aconsejaría entrar a debatir ciertas cuestiones. Ahora bien, cuando queremos construir relaciones sólidas de pareja, familia, amistad y también profesionales, se hace indispensable tener la determinación y la serenidad para poder proponer y abordar conversaciones incómodas.

A continuación detallo las claves per a construir relaciones sólidas y mutuamente satisfactorias:

1.  Autoconocimiento: tener muy claro cuáles son nuestras necesidades básicas a parte de las puramente  esenciales para la supervivencia, haberlas evaluado y haber tomado consciencia de cuáles son las realmente importantes para nosotros y pasan por delante de otras. También conocer nuestros valores esenciales, aquello que realmente queremos conservar. Reconocer nuestras emociones, entenderlas, aceptarlas, saberlas expresar y gestionarlas de manera potenciadora.

2.  Comunicación: para que nos conozcan y también para conocer al otro. Para tener claras las necesidades y los valores de cada uno. Para expresar nuestras emociones y entender las del otro y su manera de vivir la realidad. Si una persona no habla, o no quiere escuchar, a la otra solo le queda que interpretar o ser interpretada, y este filtro subjetivo, demasiado a menudo lleva a malos entendidos que son totalmente evitables. Puedo y tengo el derecho de decidir pasar por alto la necesidad de otra persona, lo que es una lástima es hacerlo por desconocimiento.

3.  Empatía: para cuidar las necesidades e intereses de los demás, y poder entender desde donde viven la realidad, que a menudo es desde una visión muy diferente a la nuestra.

4.  Coraje: para cuidar las propias necesidades e intereses y no ceder por miedo o evitación del conflicto. Enfrentándonos a la situación y no a la persona que tenemos delante.

5.  Compromiso: para asumir las propias responsabilidades y actuar con la firme voluntad de hacer crecer la relación con respeto hacia uno mismo y hacia el otro.

6.  Autoestima: para detectar cuando merece la pena luchar por una relación y cuando es mejor ponerla en el cajón de las relaciones sociales superficiales o simplemente darla definitivamente por cerrada. Y también, para no insistir en estar en la vida de alguien que no te quiere en ella, o querer que esté en tu vida alguien que no quiere estar.

Actuar de manera pasiva, es evitar o negar los conflictos pasando por alto las propias necesidades. Si esta conducta es habitual, puede acabar generando mucha frustración e insatisfacción. Evidentemente hay momentos en que lo más útil es callar. Si actuamos de manera pasiva por decisión y convicción, ¡Perfecto! Si lo hacemos por miedo, es cuando generamos el problema.

Actuar de manera agresiva es crear un conflicto pasando por alto las necesidades de los demás. Si esta conducta es habitual, puede acabar generando relaciones y ambientes tensos. De todas maneras, cuando una persona no se comunica, a veces solo te queda la provocación para hacerla explotar. Si actuamos de manera agresiva por decisión y convicción, ¡Perfecto! Si lo hacemos por falta de autocontrol y después nos arrepentimos, es cuando generamos el problema.

Actuar de manera asertiva, es poner los conflictos existentes sobre la mesa, ni evitándolos, ni creándolos. Para crear relaciones interpersonales sólidas, es positivo que fomentemos la asertividad. Ahora bien, conviene recordar que abordar un conflicto existente y expresar como nos sentimos ante aquella situación, no tienen nada que ver con crearlo. A menudo se tilda de conflictivas a aquellas personas que actúan con madurez, responsabilidad y respeto hacia ellas mismas.