¿Sueñas o emprendes?

Septiembre es un mes de buenos propósitos, en este sentido llevo unos días reflexionando mucho sobre la diferencia entre los deseos y los objetivos. Bajo mi punto de vista podríamos decir que los objetivos son de uno u otro modo deseos, en cambio no podemos hacer la misma afirmación inversa en todos los casos.

¡Cuántos deseos se han quedado en un simple sueño!

Hablando con personas diversas, son muchas las que han tenido en su vida algún sueño de emprendedor: si pudiese haría… Soñar es bonito, pero no nos lleva muy lejos.

Estoy de acuerdo en que por desgracia, el dinero es necesario para emprender proyectos, pero también es cierto que las posibilidades  de conseguir financiación y apoyos, aumentan con la solidez de nuestra propuesta.

Durante años he deseado cosas que sabía que no estaban maduras para avanzar. Aun así, he seguido trabajando duro, haciendo trabajo de hormiga que a menudo se volvía invisible, o era considerado como desperdiciado, como un esfuerzo tirado a la basura. Y yo, tozuda ¡Seguía adelante!

Esta es la primera disposición actitudinal necesaria para emprender: la determinación. La convicción de lo que quiero y de que lo quiero hacer, avanzando en aquella dirección a paso firme sin detenerme.

Pero conviene tener claro, que sólo con determinación no vamos a ninguna parte. La pura determinación nos lleva a empezar muchas cosas y no acabar ninguna, nos lleva a la impulsividad, al egocentrismo y a fracasos más que probables.

La segunda de las disposiciones es la estabilidad, para poner la mejor fecha a nuestro objetivo. Decidiendo cuál es el momento más óptimo para dar cada paso. Trabajando  con determinación, llega un día que sabes que aquello está maduro, que aquel es el momento, que conviene aprovechar la oportunidad de aquel tren que no volverá a pasar. Está claro que pasarán otros, aunque serán diferentes.

De la misma manera que sucede con la determinación, sólo con la estabilidad tampoco iremos demasiado lejos. La pura estabilidad nos lleva a no encontrar nunca el momento óptimo, ya que la certeza absoluta no existirá, y debemos estar dispuestos a asumir riesgos.

La tercera disposición necesaria durante todo el proceso es la apertura, que me ayudará a compartir mi proyecto, a preguntarme qué necesito de los demás para avanzar, a mirar qué hacen a mi alrededor, a situarme en un contexto y sobre todo a escuchar y encarar las críticas, que no todas serán amables, con ánimo constructivo.

Y finalmente nos hace falta la flexibilidad, para crear, para innovar, para cambiar el camino preestablecido y para afrontar los imprevistos con la misma determinación del principio.

Si conseguimos  el equilibrio entre las 4 disposiciones actitudinales, aumentamos cada vez más las probabilidades de éxito.

Acabo con una reflexión: Un sueño lo puedo tener sentado, un fracaso siempre viene después de haber dado un paso, un éxito necesita que hayas caminado. Y como decía no recuerdo quien, la duda permanente de si camino o no, me puede tener toda la vida a la pata coja.

¿Qué haces? ¿Sueñas o emprendes?