La comunicación asertiva

La comunicación asertiva es la habilidad de hacer valer nuestros derechos y sentimientos, respetando los derechos y sentimientos ajenos.

La comunicación interpersonal, es una de las herramientas más valiosas de las que disponemos para conseguir relacionarnos de manera satisfactoria. Al mismo tiempo, se nos puede volver en contra si no somos capaces de utilizarla de manera intencional.

Las personas necesitamos comunicarnos con la pareja, los amigos, los vecinos, los clientes, los proveedores, los compañeros de trabajo o de clase, los profesores, etc. Si decidimos no cuidar nuestra comunicación, corremos el riesgo de quedarnos solos. Si queremos asumirlo al menos que sea de forma consciente.

Comunicarse de manera intencional significa tomar conciencia de todo lo que hacemos y decimos, y de para qué lo hacemos y para qué lo decimos. Elegir los gestos, las caras, las palabras y el tono de voz que consideramos más adecuados en cada situación. Por el contrario, la comunicación aleatoria, es todo lo que comunicamos sin querer. (Ej: Con nuestra cara damos una información que no queríamos transmitir).

Comunicar con intención y de manera asertiva, no significa siempre decir las cosas que el otro quiere oír, pero sí decirlo de la mejor manera, respetándonos a nosotros mismos y a los demás. Si callo lo que siento no me tengo en cuenta a mí mismo (comunicación pasiva), si digo lo que siento agrediendo y de malas maneras, no tengo en cuenta la otra parte (comunicación agresiva). Si cuido de las dos partes hablando desde el yo en lugar de desde el tú, me estoy comunicando de forma asertiva. (Ej: YO me siento engañada, en lugar de TÚ eres un mentiroso).

Ejemplos frecuentes donde algunas personas suelen ser pasivas o agresivas cuando sería más saludable y adaptativo ser asertivas:

1. El médico me da unas pautas complicadas y yo tengo dudas…
A) Respuesta pasiva: Me siento confuso pero no pregunto por no parecer tonto o pesado
B) Respuesta Agresiva: “Los médicos pensáis que lo sabéis todo y de comunicación no tenéis ni idea. A ver si te explicas mejor!”

2. Hace mucho tiempo que espero en la sala de espera y veo que la gente que ha llegado más tarde pasa antes que yo…
A) Respuesta pasiva: Me enfado pero no pregunto por no dar la nota.
B) Respuesta Agresiva: Me dirijo a la persona de recepción y le digo gritando: “¿Se puede saber qué pasa? Esto es intolerable, sois unos incompetentes!”

De todas formas, la comunicación asertiva no siempre es la más adecuada. Algunas veces conviene ser pasivo y callar, y otras, después de que repetidas comunicaciones asertivas no hayan tenido buenos resultados, puede ser conveniente utilizar fórmulas más agresivas. Hay que tener en cuenta que cuando hablo de la necesidad de utilizar fórmulas más agresivas, me refiero a una comunicación más contundente, en ningún caso irrespetuosa o mal educada como son los ejemplos anteriores.

Lo más importante es que, sea cual sea nuestra respuesta: pasiva, agresiva o asertiva, haya sido elegida de manera intencional y por tanto controlada y decidida, asumiendo las consecuencias. Si nuestra elección no ha sido la más acertada o la más útil, podemos sacar conclusiones y trabajar para hacerlo mejor en próximas ocasiones.